“El TODO es Mente; el universo es mental.”
— Los Tres Iniciados, “El Kybalión” (1908/1995)
Introducción
El primero de los principios enunciados por El Kybalión, conocido como el Principio del Mentalismo, sostiene que la mente es la sustancia fundamental del universo, no como mera facultad del pensamiento individual, sino como la base de toda existencia: todo lo que vemos, tocamos y experimentamos sería, en último término, una manifestación mental (Los Tres Iniciados, 1995).
Aunque esta afirmación se inscribe en el pensamiento hermético-esotérico, la ciencia contemporánea ofrece caminos complementarios para interpretarla sin recurrir al ocultismo ni a lo sobrenatural. Desde la neurociencia y la filosofía de la mente hasta la antropología cultural, múltiples disciplinas coinciden en una idea crucial: lo que llamamos “realidad” es inseparable de los procesos mentales que la construyen. A continuación, exploramos este principio desde un enfoque técnico y actual, anclado en pensadores contemporáneos.
- Antonio Damasio: Mente, cuerpo y biología entrelazada
Uno de los neurocientíficos más influyentes del presente, Antonio Damasio, desmonta el dualismo cartesiano que separa la mente del cuerpo. En El error de Descartes, sostiene que la mente no es un ente separado sino una propiedad emergente de la interacción entre el cerebro y el cuerpo. No hay mente sin cuerpo. Y tampoco sin entorno (Damasio, 2018).
Damasio introduce la idea de que las emociones, lejos de oponerse a la razón, son fundamentales para la toma de decisiones racionales. La “mente” surge del acoplamiento estructural y funcional entre múltiples sistemas: neuronas, hormonas, órganos y redes de retroalimentación. Incluso propone que sin la representación corporal interna —la sensación del cuerpo como unidad— no puede haber experiencia mental completa. Esta visión encarnada y contextualizada del pensamiento se alinea con la idea de que la realidad que experimentamos está mediada por un sistema interpretativo interno. Es decir: por la mente.
- Thomas Metzinger: La mente como apariencia estructurada
Desde la filosofía de la conciencia, Thomas Metzinger propone un modelo radical y provocador: no existe un “yo” como entidad sustancial. En su obra The Ego Tunnel, describe cómo el cerebro genera constantemente una autoimagen fenomenal, un modelo ilusorio pero funcional del “yo”. Este modelo no es un engaño, sino una construcción que permite la coherencia de la experiencia subjetiva (Metzinger, 2009).
Metzinger llama a esto “fenomenalismo eliminativo”: lo único que realmente existe es la experiencia consciente en sí, no un mundo objetivo independiente al que tengamos acceso directo. El “universo” tal como lo conocemos sería entonces una representación generada por nuestro sistema cognitivo. Esta idea conecta poderosamente con el Kybalión: el universo no es una cosa externa per se, sino una experiencia mental profundamente subjetiva.
- Daniel Dennett: Conciencia sin centro, narrativas sin testigo
El filósofo Daniel Dennett, con su teoría de los Borradores Múltiples, desafía la noción de una conciencia centralizada. Para él, no hay un “teatro” interno donde se presenta la realidad a un espectador interno. En cambio, la conciencia emerge de múltiples procesos cerebrales que se editan, reformulan y descartan constantemente, como borradores sucesivos (Dennett, 1991).
Dennett considera que el “yo” es un centro de gravedad narrativo, una historia que el cerebro se cuenta a sí mismo para organizar la experiencia. Así, la mente no es una sustancia sino una función narrativa y distributiva. Esta perspectiva refuerza la noción de que la realidad es mental en tanto es una narración interna construida por el organismo.
- Vygotsky y Foucault: Cultura, lenguaje y mente social
El psicólogo ruso Lev Vygotsky subraya que el pensamiento humano surge del lenguaje y de la interacción social. No nacemos con una mente completamente formada: la construimos a través del intercambio simbólico con los demás. La conciencia, dice, “llega a la existencia” mediante la palabra (Vygotsky, 2000). La mente, entonces, no es individual en origen sino culturalmente mediada.
Complementariamente, Michel Foucault, en Historia de la locura, analiza cómo la noción de “mente normal” o “locura” ha sido definida históricamente por el poder, el discurso y las instituciones. La manera en que entendemos la mente, concluye, no es natural ni neutra, sino el resultado de procesos culturales e históricos (Foucault, 2010).
- Jung: los símbolos como expresión mental que crea y moldea la realidad
Para Carl Gustav Jung, la mente inconsciente se expresa a través de símbolos, especialmente en los sueños, los cuales al ser interpretados generan transformaciones concretas en la vida consciente. En El hombre y sus símbolos (1964/2008), Jung relata cómo la obra misma surgió a partir de un sueño que lo impulsó a comunicar sus ideas de forma accesible al público general. Este ejemplo ilustra el potencial creador de los símbolos: la mente, a través de imágenes simbólicas, no solo refleja la realidad, sino que la moldea activamente.
En este sentido, el principio del mentalismo puede leerse a la luz de la psicología junguiana como una invitación a reconocer la fuerza creadora del inconsciente y la función transformadora de los símbolos. Lo mental no solo interpreta el mundo, sino que contribuye a su construcción.
- Reinterpretando el Mentalismo hoy
A la luz de estas perspectivas científicas, podemos reinterpretar el Principio del Mentalismo como una afirmación profunda sobre la naturaleza constructiva de la experiencia humana. No es necesario aceptar la existencia de una “Mente Universal” literal para entender que:
Todo lo que experimentamos pasa por la mediación de nuestra mente.
La mente es un sistema funcional, estructuralmente acoplado al cuerpo, no una sustancia separada.
La conciencia genera modelos del mundo y del “yo” que permiten nuestra relación con la realidad.
El lenguaje, la cultura y la historia configuran los límites y posibilidades de esa mente.
Desde esta óptica, afirmar que “el universo es mental” no es una metáfora mística, sino una forma de señalar que la realidad para nosotros es siempre una realidad representada, filtrada, organizada y reconstruida.
Conclusión
Lejos de excluir la ciencia, el principio del mentalismo se vuelve aún más poderoso y útil cuando lo abordamos desde disciplinas como la neurociencia, la filosofía de la mente y las ciencias sociales. Si el universo que conocemos está formado por nuestras interpretaciones, creencias, símbolos y procesos biológicos, entonces entender y cuidar nuestra mente es entender y cuidar nuestra realidad.
Referencias
Damasio, A. (2018). El error de Descartes: La emoción, la razón y el cerebro humano (14.ª ed.). Grupo Planeta. Dennett, D. C. (1991). Consciousness Explained. Little, Brown and Company. Foucault, M. (2010). Historia de la locura en la época clásica. Fondo de Cultura Económica. Jung, C. G. (2008). El hombre y sus símbolos (M. L. von Franz, Ed.; 7.ª ed.). Paidós. (Obra original publicada en 1964). Los Tres Iniciados. (1995). El Kybalión: Filosofía hermética del antiguo Egipto y Grecia. Ediciones Paidós Ibérica. (Obra original publicada en 1908). Metzinger, T. (2009). The Ego Tunnel: The Science of the Mind and the Myth of the Self. Basic Books. Vygotsky, L. S. (2000). Pensamiento y lenguaje. Crítica.